Clases medias
- Fecha
- Noviembre de 2014
El libro de Adamovsky, Visacovsky y Vargas recorre los cambios experimentados en el campo de estudios sobre clases medias desde la década del noventa hasta la actualidad. A partir de allí, el interés por las clases medias se renovó aunque ciertas certezas acerca de cómo analizarlas se derrumbaron. Concretamente, se empezaron a cuestionar las visiones objetivistas tradicionales y algunos investigadores se orientaron a “la comprensión situada de los procesos de constitución de las identidades de clase medias” (p. 15). Este cambio dio lugar a nuevos enfoques en la sociología, la historia y la antropología. El punto en común es una crítica ontológica a la taxonomía alimétrica que divide a la sociedad en tres partes. Cada capítulo del libro entonces describe las transformaciones que ocurrieron en las disciplinas mencionadas. Hay tres artículos de sociología; tres, de historia; y cinco, de antropología. Conjuntamente, ponen a disposición un arsenal teórico y metodológico para re-pensar las clases medias desde una clave contemporánea. Presentamos un resumen de algunos capítulos.
El libro empieza con un artículo de Klaus Peter-Sick. Este sociólogo revolucionó el campo de estudios sobre las clases medias con una investigación muy erudita publicada en la revista Vingtième Siécle durante 1993. En ella, Sick presentó una sociogénesis de las transformaciones en la categoría clase media desde la Revolución Francesa hasta mediados del siglo XX. Su objetivo era describir porqué las “clases medias” lograron sobrevivir a todas las épocas. Al respecto, conjeturaba que la larga vida del concepto se debía a los empleos políticos del término. Para probar su idea, indagó minuciosamente un abrumador corpus de discursos políticos y académicos con la intención de rastrear las características específicas adoptadas por el uso de la palabra según determinados ciclos históricos. De esta manera, Sick llegó a una conclusión que puso en entredicho el contenido sociológico del concepto:
“(…) la noción de clases medias refleja la evolución de la sociedad francesa hacia la sociedad moderna. [Ella] refiere a dos fenómenos: primero, a la política de clases medias [inseparable de la cuestión de la mayoría en una democracia parlamentaria] y, en segundo lugar, a la política impulsada por un movimiento de clases medias, [que buscaba] garantizar (…) un lugar en la competición por [ciertas legislaciones y subvenciones] del Estado.”
El libro continúa con un artículo de Jorge Raúl Jorrat. Este sociólogo estructuralista nos muestra el fuerte vínculo que existe entre las taxonomías utilizadas por los académicos y la autotoidentificación que las personas tienen de sí en relación a la clase; también, nos describe cómo percibe cada fracción de clase la desigualdad social. Para ello, utiliza una serie de datos relevados por el Programa ISSP en 39 países. Se guía, al respecto, por las hipótesis de Hout y la metodología de Tom Smith e Evans Kelly. Sus hallazgos son ciertamente significativos: ocho de cada diez personas se identifican con alguna clase; seis de cada diez, se identifica con la clase media; la Argentina tiene pautas de autoidentificación similares a la de países desarrollados; la autoidentificación es mayor en mujeres que en varones, crece con la edad, el nivel educativo y en las ocupaciones no manuales. Por otra parte, esta autoidentificación es concordante con mediciones objetivas en más de la mitad de los casos. Por otro lado, en cuanto a cuestión de la desigualdad, Jorrat es tributario de las hipótesis de Hout y con él verifica que esta percepción se correlaciona de manera inversamente proporcional con la posición ocupada en el espacio social: mientras más privilegiada es una persona, menor es su percepción de la desigualdad. Todos estos resultados, entonces, permiten afirmas que las personas saben cómo clasificarse socialmente y tienen buenas razones para hacerlo cuando se les pregunta porqué. No hay razones para dudar de sus comentarios.
Por su parte, más adelante Sergio Visacovsky desarrolla un recorrido por las discusiones y enfoques etnográficos en el estudio de la clase media a nivel internacional. Plantea que la preocupación por el campo antropológico por este objeto de estudio es relativamente inicial pero que, con frecuencia, se ha tomado un “perfil propio” e impactando en las demás disciplinas. Para el autor el “nuevo enfoque” contiene ciertos elementos de interés. Por un lado, la aproximación etnográfica aporta insumos para indagar sobre la vida práctica en su cotidianidad y materialidad cuestionando, de este modo, los abordajes puramente estructurales, apriorísticos y discursivos. Por el otro, los estudios antropológicos han contribuido a mostrar el aspecto multidimensional o su interacción con el género, la etnicidad, la raza atacado la visión economicista de la clase social. Por último, ofrece un “estudio microsocial” en cambio de “un efecto estructural” sobre estos grupos.
A estas reflexiones, le sigue un texto de Ruben Oliven orientado al análisis de la expansión de la clase media en Brasil a partir de las políticas implementadas por el Partido de los Trabajadores en 2003. Oliven señala que la particularidad de ello es que dicho país se caracterizó por ser uno de los que mayor desigualdad en ingresos ha poseído a diferencia de otros, como Argentina, quién históricamente se ha considerado de clase media. El autor postula que durante las décadas de los sesenta y setenta el abordaje de las clases sociales por parte de las ciencias sociales fue clave para analizar los diferentes procesos del mundo. Mientras que actualmente esta situación ha cambiado drásticamente: la noción de las clases medias ha sido sustituida por la de identidad. En el caso que analiza Oliven advierte que el elemento de la adquisición de bienes de consumo es clave para definir e identificar a la clase media en Brasil anteponiendose a ciertos atributos que definían a este grupo social, tales como la adquisición de capital cultural. Por último, se debe destacar la importancia asignada al elemento del “consumo” en tanto que es concebido, por el autor, como aquél que define a la ciudadanía.
Luego, Visacovsky indaga sobre el origen de la clase media en Argentina como fruto de la movilidad social de las generaciones de inmigrantes europeos entre la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX. De este modo, cuestiona las versiones populares fuertemente consolidadas en la población del país, asimismo, las aceptadas entre los académicos que ha instalado la idea de un relato. Es necesario analizarlo no por su “adecuación fáctica” a los hechos que describe sino por sus propiedades narrativas. El trabajo de campo, de tipo etnográfico, fue desarrollado entre 2004-2008 en Buenos Aires. La historia de vida de Saúl permite a Visacovsky arribar a dos hallazgos: el primero es que el relato durante el siglo XX se asoció a creencias o convicciones en el “trabajo duro”, el “esfuerzo”, “el sacrificio” como vías del progreso y del éxito. Mientras que a partir del siglo XXI (en la llamada “crisis argentina”) se rompió está asociación y las experiencias del empobrecimiento mostraron que los mismos no garantiza el futuro. Precisamente, Saúl experimenta un “desajuste personal” de sus expectativas. El segundo es que esta narrativa ha servido como un “elemento de demarcación” con una presencia de acentos morales y raciales. Visacovsky arriba a la conclusión que si bien es necesario explorar las propiedades que encubre este relato es al mismo tiempo aquél que “funciona” como una “narrativa de origen” de la clase media.
El elemento de las concepciones morales y raciales es retomado por Ricardo Fava indaga sobre la toma del Parque Indoamericano en diciembre de 2010 y el interés mediático asociado a ello. El autor señala que se establecieron dos imágenes en las que se apeló a una sociedad dividida en clases que despertaron dos imágenes: por un lado, los “vecinos” que alude a la clase media que solicitaba seguridad; por el otro, los “ocupantes”, que se componían por las clases populares quienes reclamaban viviendas. En este sentido, la “toma” del Parque estuvo asociado a una “variable racial o étnica” (en las cobró importancia la presencia de numerosos migrantes de origen boliviano entre los ocupantes) contraponiéndose a las descripciones de un “nosotros” de origen europeo que conformaría otra clase o condición social.
Por último, Patricia Beatriz Vargas explora el mundo de los emprendedores de diseño en Buenos Aires a partir de un trabajo etnográfico entre 2004-2006. Pretendía dar cuenta de cómo los diseñadores se identifican con la clase media y cómo son concebidos sus clientes. De acuerdo a la autora, “sin excepciones, la adscripción a la clase media formó parte de la presentación a sí mismos, los modos tradicionales de explicación de sus desplazamientos personales fueron expresados en términos de movilidad ascendente y la clasificación explícita de los destinatarios de sus mercancías fue realizada en términos de consumidores de clase media y media alta” (pag 267). De este modo, los “emprendedores” reconocen un proceso de movilidad ascendente que exponen una “narrativa heroica” que incluye atributos específicos de la clase medias: espaciales, educativos, laborales. Mientras que, aquellos que son consumidores son descriptos por los diseñadores a partir de una serie de aspectos tales como los “socioeconómicos y socioculturales”. En efecto, los “potenciales consumidores” son aquellos que reúnen la capacidad de “…apreciar y valorar al producto del diseño en términos simbólicos pero también materiales (…)” (pag 277).
En síntesis, este libro permite apreciar que el estudio de las clases medias ya no puede sostenerse sobre las certezas objetivistas que predominaron hasta mediados del siglo XX. Los aportes de la sociología, la historia y la antropología aquí reunidos coinciden en desplazar el eje de análisis desde una definición estructural y a priori de la clase media hacia una comprensión situada, procesual y narrativa de sus modos de constitución. En definitiva, el libro ofrece un mapa actualizado y plural de un campo de estudios que, lejos de agotarse, se renueva precisamente porque las clases medias siguen siendo un objeto tan escurridizo como central para pensar la desigualdad social en el mundo contemporáneo.