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Ensayo·Colección Reacciones

Corea del Centro

13 de noviembre de 2017 2 min de lectura

Los periodistas tienen el oficio en crisis y se inventan palabras divertidas para seguir adelante. María O’Donnell se reconoce habitante de “Corea del Centro” y hace una apología de esa posición política. Desde el “centro”, dice, se perciben mejor las “distinciones” que las personas dogmáticas no logran captar. Desde el “centro”, entonces, para O’Donnell se clasifica mejor la realidad política.

Pero no son los únicos. Cabe relacionar esa posición con el trabajo que hacen los técnicos del Estado al producir, clasificar e interpretar información útil para la toma de decisiones políticas. Estos técnicos también tienen que “hablar desde el centro” en su horario laboral; y para eso utilizan el “impersonal” en los informes escritos.

El periodismo está en crisis porque los periodistas, al ejercer su oficio, ya no pueden hacer lo que sí hacen esos administradores de información útil: hablar de manera impersonal. Los cambios tecnológicos hicieron que su quehacer deviniera en otra cosa, y los periodistas se volvieron una voz política más. Frente a eso se ven obligados a elegir entre tres opciones: convertirse, por convicción o conveniencia, en militantes partidarios; transformar su capital y saltar a la política para devenir en candidatos; o volverse nostálgicos y reivindicar la autonomía de pensamiento.

María O’Donnell es una nostálgica, pero invita a separar la paja del trigo. ¿Quiénes son las personas que, junto con ella, ayudan desde el “centro” a captar mejor los matices y a apreciar las distinciones propias del mundo político? Aparecen con ella cientistas que presentan análisis complejos en formatos no académicos y divulgadores especializados en contar qué hacen los técnicos, esos especialistas en algo que suelen redactar informes minuciosos y aburridos. Todas personas cuya vida consiste básicamente en hablarles a otros de manera impersonal para representar el mundo común y volverlo inteligible en una época llena de caos, incertidumbre y miseria.

En el malestar del periodismo, sin embargo, late algo que podría convertirse pronto en la orfandad política de su audiencia. ¿Quién representa la voz de los representadores de distinciones y matices? ¿Quién representa sus angustias, sus ansiedades y preocupaciones?

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