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Ensayo·Colección Para ingresantes

Enamorarse para Bourdieu

Octubre de 2009 2 min de lectura

¿Qué nos lleva a enamorarnos de algunos y no de otros? Si dos personas, antes de un primer encuentro, desconocían cada una la existencia de la otra, ¿qué hizo posible el recorrido que las enamoró mutuamente? ¿Hasta qué punto son fortuitas las condiciones que hacen aparecer a las personas que nos gustan?

Las personas enamorables entre sí están cerca, pues la distancia social entre ellas tiene que ser relativamente corta. Esa distancia se mide, antes que nada, por la posición que cada una ocupa en el espacio social. ¿Por qué esa persona y no otra? Por los habitus asociados a esa posición, que son, dice Bourdieu, esquemas clasificatorios, principios de clasificación, principios de visión y división, de gustos, diferentes. Por eso, las personas situadas en lo alto del espacio tienen pocas oportunidades de encontrarse físicamente con las situadas en lo bajo; y si se encuentran por accidente, no se entenderán ni se gustarán. La posibilidad misma del encuentro se puede medir, además, por la cantidad de personas que tuvieron que conocer previamente para llegar hasta aquella a la que se busca seducir. En este sentido, el verdadero amor siempre está cerca.

A su vez, en el habitus se inscribe lo que hacemos para gustar. Remarcamos los aspectos que pueden enamorar: la hexis, el ethos. Gestionamos una actitud, elegimos un estilo de ropa particular, cultivamos el cuerpo. Nos vestimos para otro y con la indumentaria también marcamos cierto estatus.

Sobre esta base opera la seducción, a través de etapas que configuran una estrategia, un plan de acción. Seducir es jugar a que alguien se interese en uno, sin demostrar el interés que ya se tiene; interés que, a su vez, se disimula en comportamientos tipificados. Para eso hay que articular una dialéctica entre dar y quitar, tensar y relajar. Chamullamos, entonces, para fabricar un verosímil. Pero el chamullo solo es creíble para quien comparte los mismos principios de clasificación; fuera de ese “nosotros”, lo que se dice no se entiende. Y entonces un guiño puede parecer un tic del ojo.

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