¿Hacia dónde vamos?
Si es correcto que a los “padres fundadores” les preocupaban las clases (Marx), los lazos (Durkheim), los sentidos de la acción (Weber), y que, en última instancia, les preocupaba elaborar teorías y clasificaciones para explicar una época de revolución y cambio; si es correcto que a los “forjadores de la tradición clásica” les preocupaban el orden (Parsons), la ciudad (Escuela de Chicago), las interacciones (la microsociología, los etnometodólogos), y que, en última instancia, les preocupaba institucionalizar la disciplina en una época de imperialismos, guerras y consolidación de los Estados; si es correcto que a los “relacionistas” les preocupaba superar las falsas dicotomías teóricas y metodológicas (Elias, Bourdieu) y, en última instancia, la verdad sobre el mundo social en una época de profesionalización de la disciplina; si es correcto que a las “escuelas contemporáneas” les preocupan los estilos de vida (Giddens), los procesos de individualización (Beck), la identidad (Bauman) y, en última instancia, quiénes somos y cómo vivimos en una época en la que no se sabe hacia dónde vamos; si así nos formamos.
Si las experiencias de investigación nos enseñan que la sociología es una ciencia de objetos que se arman y se desarman; si las experiencias laborales nos enseñan que la disciplina produce e interpreta información que puede ser o no ser; si las experiencias de reflexión nos enseñan que nos pensamos menos como individuos y más como versiones de la sociedad en la cual vivimos, menos como egos y más como relaciones; si nuestra intimidad es un secreto a descubrir y un mundo a racionalizar, y nuestros sentimientos y nuestras emociones son un espacio a controlar; si la relación es una representación; si así pensamos.
Si los mejores sociólogos son privilegiados que nunca detuvieron su proceso de formación, y conquistaron los títulos de nobleza científica por destino social; si los mejores sociólogos son los viejos de otro siglo y sus herederos tienen menos de cincuenta años; si los nietos de esos padres, nosotros, somos estudiantes que eligen viajar, la política, los negocios o el arte porque no podemos tener la vida que todavía les falta vivir a nuestros maestros; si somos estudiantes que aprendimos todo lo que hacía falta pero nunca pusimos en práctica nuestro lenguaje, que confundimos la ética con la estética y la verdad con el poder; si la incertidumbre no nos deja ver que la sociología es un acto de fe.
Entonces, ¿hacia dónde va la sociología? ¿Hacia dónde van las ideas sociológicas que se disocian del cuerpo que las piensa? ¿Dónde están las prácticas de la sociología que todavía no se pueden reconocer? ¿Cómo se reconocen los sociólogos cuando carecen de legitimidad? ¿De qué género es especie este fenómeno, caso de qué ley, efecto de qué causa, excepción de qué regla? ¿Por qué pasa así el presente de esta gente, si la memoria y la experiencia son, como dicen, tan comunes?
¿Es común?