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La construcción de Linera

Fecha
Septiembre de 2016
7 min de lectura

¿Cuál es la potencia de la sociología cuando es practicada con auténtico compromiso político? Una respuesta es La construcción del Estado de Álvaro García Linera, la conferencia dictada en la Universidad de Buenos Aires el 8 abril de 2010, cuando la prestigiosa casa de estudios le entregó al actual vicepresidente de Bolivia su máximo galardón: el premio Honoris Causa.Y no es para menos el reconocimiento.

En La construcción del Estado, Álvaro García Linera describe las transformaciones de la estructura estatal boliviana retomando definiciones de la tradición sociológica clásica. Su argumento principal es que Bolivia ha experimentado entre 2000 y 2010 una “crisis estatal general” la cual posibilitó “una mutación en el significado de la soberanía del Estado” e hizo posible un “gobierno de movimientos sociales” cuyo “horizonte”, con la presidencia de Evo Morales, es un “Estado integral”.

Para defender esta tesis, Linera comienza refutando dos interpretaciones contemporáneas sobre el rol de los Estados: él las denomina “lectura extincionista” y “lectura petrificadora”. Según el autor, la primera sostiene “un proceso gradual de extinción de la soberanía estatal” como resultado de la globalización; y la segunda, que “los Estados no han perdido su importancia como cohesionadores territoriales” siendo aún “los sujetos del sistema mundo”. Ahora bien, para Linera ambas interpretaciones están equivocadas: la lectura extincionista se habría olvidado que quienes impulsan la globalización son precisamente los Estados en el marco de una “orgía neoliberal”; y la lectura petrificadora no prestaría suficiente atención a “las instituciones de carácter mundial que se dan por encima [de ellos]”. (Linera, 2010:1-2)

Al invalidar estas lecturas, Linera razona de la siguiente forma: si los Estados no han desaparecido (extinción) pero tampoco han permanecido inmutables (petrificación), entonces se debe analizar cuál ha sido el cambio que experimentaron. Por eso, a continuación, postula la necesidad de un enfoque que observe las dinámicas, los movimientos y los procesos de las transformaciones estatales. Y así afirma convencido:

“No estamos asistiendo a una extinción de la soberanía, sino a una mutación del significado de la soberanía del Estado (…) lo que estamos viendo (…) es una complejización territorial de los mecanismos de cohesión social y de legitimación social. Podemos hablar de una bidimensionalidad estatal y supraestatal de la regulación de la fuerza de trabajo, del control del excedente económico y del ejercicio de la legalidad. En otras palabras, hay y habrá Estado, con instituciones territoriales, pero también hay y habrá instituciones de carácter supra territorial que se sobreponen al Estado” (Linera, 2010:2)

Ahora bien, ¿qué es concretamente el Estado para Linera? Puesto que su impugnación de la lectura extincionista y petrificadora constituye también una crítica a la teoría contemporánea, Linera define este concepto retomando distintos autores de la tradición sociológica clásica.

“Un Estado es un monopolio exitoso de la coerción, según Marx y según Weber; un Estado es un monopolio exitoso de la legitimidad, de las ideas fuerzas que regulan la cohesión entre gobernantes y gobernados, según Bourdieu; y un Estado es un monopolio de la tributación y de los recursos públicos, según Elias y Lenin.” (Linera, 2010:4)

Y con estos aportes, precisa: “(…) todo Estado es institución, parte material del Estado; todo Estado es creencia, parte ideal del Estado; todo Estado es correlación de fuerzas, jerarquías en la conducción y control de las decisiones; y todo Estado es monopolio” (Linera, 2010:3). Luego, compara al Estado con una molécula de tres átomos que ejecutarían respectivamente un monopolio sobre los recursos, la coerción y la legitimidad (Ibid).

Pero hay un problema. De momento, Linera ha explicitado una perspectiva y definido un concepto sin decir demasiado sobre las transformaciones estatales que había prometido y menos todavía en contexto boliviano. Por eso, de aquí en adelante la conferencia versará sobre este asunto.

Toda transformación de la estructura estatal, señala Linera, significa una crisis de las dimensiones constitutivas del Estado; es decir, la transformación es estructural porque la crisis es general. Por su parte, esta se produce porque se dan cinco procesos: “develación de crisis”, “empate catastrófico”, “sustitución de elites”, “punto de bifurcación” y “consolidación de estructura”. Con estas categorías, entonces, se pueden interpretar las transformaciones del Estado en Bolivia.

Según Linera, la develación de la crisis ocurrió en su país entre 2000 y 2003. Durante estos años, cuenta, en Bolivia se produjeron tres conflictos: la guerra del agua (2000), un bloqueo de rutas (2001) y una masacre (2003). El factor detonante habría sido el intento de privatización, por parte del gobierno, de los sistemas comunitarios de distribución de agua potable, un drama que culminó con la renuncia del presidente neoliberal Gonzalo Sanchez de Lozada. Estos acontecimientos, por su parte, le permitieron a Linera descubrir un proceso mayor: “la pasividad del gobernado hacia el gobernante [había comenzado] a diluirse”, “[surgieron conflictos] de forma puntual pero con tendencia a irradiarse”, “el malestar [adquirió] ámbitos de legitimidad social” y “[emergió] un proyecto político no cooptable por los gobernantes” (Linera, 2010:5). Es decir, los indicadores sirvieron para visualizar un resquebrajamiento social de la creencia en la legitimidad del Estado.

El momento de empate catastrófico se dio entre 2003 y 2005. Aquí, Linera describe un enfrentamiento: “por una parte estaba el parlamento electo por los ciudadanos años atrás, pero por otra existía el régimen de asambleas barriales, agrarias y comunitarias [que] tomaban decisiones (…) por encima [de él]” (Linera, 2010:6); y, en la práctica, esto impedía ejercer “el monopolio de la coerción (…) en la totalidad del territorio” (Ibid). La característica distintiva de la fase, indica el autor, fue la “disputa de dos proyectos de poder, el dominante y el emergente”: el proyecto emergente “[comenzó] a disputar la autoridad política” y el proyecto dominante “[inició] un repliegue fragmentado de su autoridad”; en consecuencia, la sociedad “[construyó] mecanismos alternativos de legitimidad” (Ibidem).

La sustitución de las elites aconteció en 2006 cuando Evo Morales ganó con el 54% de los votos y un indígena accedió por primera vez a la presidencia de Bolivia. “Sustitución de elites –entonces- es cuando el bloque dirigencial de estos sectores articulados acceden al gobierno (…) [y] logra perforar el armazón del Estado” (Linera, 2010:6-7). Pero este proceso, nos anticipa, tiene un límite material: “ninguna clase dominante abandona voluntariamente el poder”. Por eso, el cuarto momento implica necesariamente una bifurcación.

El punto de bifurcación del Estado boliviano se produjo en 2008. Durante ese año la oposición al gobierno de Evo organizó “una votación revocatoria de mandato” pero en la cual el presidente venció con el 67%. El oficialismo interpretó este hecho como un “intento de derrocamiento” y al poco tiempo confirmó sus temores: durante los meses siguientes, la oposición inició un bloqueo de aeropuertos, medios de comunicación, sistemas de abastecimiento y centros de definición política con el claro propósito de dar un golpe de Estado. Consecuentemente, el gobierno llamó a un “proceso de movilización social general” y diseñó “un plan de protección de la democracia” donde intervinieron las fuerzas armadas con apoyo de la sociedad civil. Fue un punto de bifurcación, explica Linera, porque hay “confrontación desnuda y medición de fuerzas [y] se dirime: o sigues para adelante o vas para atrás”; es “un hecho de guerra” (Linera, 2010:8-9)

La consolidación de la estructura, por su parte, fue la “victoria electoral, militar y política” de 2008 la cual le permitió a Bolivia sancionar una nueva constitución y, gracias a ella, convertirse en un Estado Plurinacional. El hecho ha implicado desde entonces la sanción de nuevos derechos para los sectores más postergados de la población. Por eso, en su conferencia, Linera narra estas conquistas con evidente orgullo. No podría ser de otra forma: él ha sido el vicepresidente de esos logros.

Finalmente, la disertación termina con una breve discusión en torno a los conceptos de Estado aparente (Marx) y Estado integral (Gramsci). El primero, dice Linera, es un Estado patrimonial que no puede alcanzar un óptimo de representación política de la sociedad civil; el segundo, es un Estado que sí representa integralmente a su pueblo e incorpora, además, la noción de emancipación social en el desarrollo de sus funciones. Bolivia, aclara el autor, no ha llegado a este “óptimo”. Sin embargo, con Evo en el poder, se ha consolidado –a fuerza de lucha- un “gobierno de movimientos sociales”.

Por esta razón, la Universidad de Buenos Aires le otorga a Álvaro García Linera el premio Honoris Causa en reconocimiento a su trayectoria ya que contribuyó a transformar la estructura estatal de Bolivia. Un camino de vida académico y político cuyo horizonte, dice Linera, es el “socialismo comunitario”. Y si algo enseña La construcción… es que cuando se milita, la sociología llega a buen puerto.


[1] Disponible en: http://www.filo.uba.ar/contenidos/novedades/cont/listado/GarciaLinera_desgrabacion

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