La elección provincial de 2011
La política santafesina se volvió más que llamativa. Las características de su sistema de partidos y las transformaciones de su sistema electoral la convirtieron en un escenario de relevancia nacional. Prueba de ello fue el marcado interés que los grandes multimedios mostraron por la provincia. Así, desde mayo, cuando se conoció la voluntad presidencial de Hermes Binner, se multiplicaron los análisis periodísticos sobre el candidato socialista.
El escenario litoraleño —protagonista de reformas constitucionales, inundaciones cíclicas, rebeliones agrarias y sede futbolística de multitudes decepcionadas— volvió a ocupar las primeras planas. Esta vez no fue por las visitas de Cristina y sus espectaculares cruces verbales, sino por los números inesperados que arrojó la contienda del domingo pasado. “Fue una elección rara”, resumió el senador Juan Zabalza, del Frente Progresista Cívico y Social. Eran las 21.30 y en el búnker oficialista ya se daba por descontado el triunfo. Sin embargo, la coalición de gobierno se llevó varias sorpresas.
Nadie imaginó que Miguel del Sel pelearía codo a codo con Antonio Bonfatti. El humorista cosechó el 36% de los votos y recién a la medianoche reconoció el triunfo del delfín binnerista. Agustín Rossi, en cambio, estaba atónito. “Trabajamos para una mejor elección de la que estamos haciendo”, confesó ante sus electorxs en Rosario. El reloj marcaba las 23 y, aunque nunca pronunció la palabra derrota, el rostro del Chivo dejaba entrever el fastidio que le generaba su magro 22%. Aun así, el legislador kirchnerista asumió la responsabilidad por el fracaso, alentó a la militancia y, al cierre de su discurso, celebró con decoro la única victoria que el Frente para la Victoria obtuvo en Santa Fe: la de María Eugenia Bielsa.
En efecto, la magnífica campaña encabezada por la ex vicegobernadora también desconcertó al socialismo. Sin asesores de imagen, sin apariciones chauvinistas en eventos deportivos, sin demagogia ni exceso de proselitismo, la hermana de Marcelo y Rafael conquistó 570 mil voluntades. Ese caudal la consagró en la cámara baja y, a partir del próximo 10 de diciembre, la mitad de la legislatura será peronista: 11 de los 19 senadores y 28 de los 50 diputados pertenecerán al partido justicialista.
Las explicaciones de estos hechos resultan tan interesantes como los hechos mismos. Desde Argentina para armar, el programa que conduce María Laura Santillán, el sociólogo Ricardo Sidicaro describió a Miguel del Sel como un cualunquista.
Minutos antes, el outsider había salido ante las cámaras a festejar. Estaba contento por haber “despertado mucha pasión” y “revuelto el café con leche”. Agradeció a “las abuelas, mamás, pibes de la villa, recién casados y gente sin trabajo” que “votó bien” y “no entregó su futuro”, y también a “Dios, que me está devolviendo mucho con todo esto”. Exultante, recomendó: “No hay que tenerle miedo al mundo de la política, hay que meterse, porque si no se aprovechan los vivos”. Explicó su caudal de votos con una sola frase: “ganamos porque no prometimos nada”. Y contó que a la tarde “hicimos un fútbol apasionante” y terminó armando un pogo con Mauricio Macri y Osvaldo Salomón.
El éxito del Midachi responde a varios factores. Por un lado, a procesos políticos macroestructurales, como la crisis de representación de los partidos y la creciente personalización de las candidaturas. Por otro, a elementos propios del escenario político: “la 125”, la reelección del PRO en la Capital Federal, la confrontación de la Presidenta con Binner y, sobre todo, los dichos de Reutemann.
Respecto de “la 125”, todo indica que buena parte de la sociedad todavía percibe aquel conflicto como algo reciente, de modo que su sola mención despierta pasiones capaces de reorientar el voto. Eso fue, precisamente, lo que hizo del Sel en los pueblos donde el problema había calado más hondo. De allí que la elección se nacionalizara y que su candidatura funcionara como un castigo simbólico al kirchnerismo (“Vos no defendiste Santa Fe”, le había espetado a Agustín Rossi). En la misma dirección operaron los dichos de Reutemann, que el pícaro de Miguel supo capitalizar, y el altercado que Binner y la Presidenta, protagonizaron la semana pasada. Se presume que ambos episodios provocaron un viraje del voto peronista no kirchnerista, compuesto por sectores medios y medios bajos, en favor del actor. La reelección del PRO en la Capital Federal, por su parte, habría sido decisiva para captar con fuerza el voto de la centroderecha económica.
Definitivamente, los resultados en Santa Fe fueron sorprendentes. Pero basta recordar que el Frente Progresista Cívico y Social reúne en la provincia a tres fuerzas con precandidatos presidenciales. Tarde o temprano, las fisuras entre ellxs aparecerán. Así, a las dificultades propias de la gobernabilidad, Bonfatti deberá sumar las que surjan de las internas y las ambiciones intrapartidarias. No será una gestión fácil para el heredero de Binner: su mayor desafío será anudar un tejido de alianzas e intereses lo suficientemente firme como para que no se desate. Lo que sí parece claro es que, como anunciaba su eslogan de campaña, en la provincia los cambios continúan, aunque quizás no en la dirección que el socialismo esperaba.