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Académico·reseña·Estado

Micro, meso y macro

Fecha
Noviembre de 2015
5 min de lectura

Oscar Oszlak invita a debatir cuál es el rol del Estado y cómo observar sus cambios. Para eso, sugiere evitar las posturas ideológicas extremas (“estado o mercado, estatización o privatización”) y las interpretaciones simplistas del asunto: “la posición prescriptiva” (que hace hincapié en el “papel atribuido a sus instituciones”) y la del “acento en el desempeño” (que busca medir si “los resultados se ajustaron a lo prescripto”). El problema que plantea Oszlak, entonces, no es la definición “a priori” del rol ni una “evaluación” de sus funciones. Más bien, busca especificar las dimensiones que los investigadores deben analizar cuando tratan la cuestión del rol del Estado. Concretamente, su conjetura es que ese análisis puede abordarse desde tres niveles: micro, meso y macro.

“En un nivel, micro, podría interpretarse el rol del Estado observando las diversas maneras en que su intervención y su ‘presencia’ pueden advertirse en múltiples manifestaciones de la vida cotidiana de una sociedad, particularmente, en la experiencia individual de sus habitantes. En un segundo nivel, que podríamos denominar meso, el análisis se traslada a los contenidos y orientaciones de las políticas públicas o tomas de posición, adoptadas por quienes ejercen la representación del estado. Finalmente, en un nivel, macro, podemos observar el rol del Estado en términos de los pactos fundamentales sobre los que se asienta el funcionamiento del capitalismo como modo de organización social, es decir, el conjunto de reglas de juego que gobiernan las interacciones entre los actores e instituciones que integran la sociedad.” (Oszlak, 2011:2)

Como se ve, para Oszlak el rol del Estado puede analizarse desde tres dimensiones, y cada una constituye un nivel de manifestación distinto, teniendo entonces distintos roles. En el nivel micro, ilustra Oszlak, la presencia del Estado resulta complicada de registrar porque es “capilar” y tiene una función “celular”: atraviesa nuestra vida cotidiana. Así, el Estado se asemeja a un “tejido conectivo” cuyo “código genético” le imprime a la sociedad “cierta dinámica, ciertas reglas” para su “organización y funcionamiento”. Con estas metáforas, el autor transmite que “el Estado no es una entidad que está arriba o afuera de las interacciones” sino que se encuentra entre los sujetos; por eso, “puede concebirse como la máxima instancia de articulación de relaciones sociales”. La historia de vida de un obrero típico-ideal del primer peronismo es el ejemplo al que apela Oszlak para mostrar cómo interviene el Estado en nuestro día a día.

En el nivel meso, en cambio, la presencia del Estado resulta más evidente. Aquí, dice Oszlak, “el Estado es lo que hace”, y sus acciones son las que ejecutan las instituciones y organismos “en sus diferentes niveles jurisdiccionales”. De allí que esta dimensión agrupe a todas las “agencias que asumen la responsabilidad de resolver una parte de la agenda estatal”. En consecuencia, analizar el nivel meso implica responder cuáles fueron los procesos que configuraron esa “agenda” y cómo se desarrollaron. Dicho rápidamente, la agenda es un “conjunto de necesidades y demandas de las cuales se hacen cargo determinados actores sociales”: supone definir, entonces, qué cuestiones sociales pueden y deben ser problematizadas y quién será el responsable de resolverlas. En este punto, observa Oszlak, la función histórica del Estado ha sido “expropiar responsabilidades” a los “actores que participan en la división social del trabajo”; es decir, convertir asuntos civiles en problemas de interés general. Por eso, “la agenda estatal es como un río que fluye constantemente y se transforma”: por su interior circulan problemas sociales y soluciones políticas, pero también contingencias y consecuencias no buscadas que permiten contar la historia de las capacidades de intervención del Estado.

En el nivel macro, como en el micro, el Estado vuelve a ser difícil de observar. Esta dimensión, señala Oszlak, remite a los mecanismos sociales que permiten reproducir el sistema capitalista. Para explicarlos, utiliza el concepto de “pacto”. Un pacto es un “conjunto de reglas de juego”, “construcciones analíticas que intentan identificar las bases sobre las cuales se asienta una organización social capitalista”, “planos que estructuran las relaciones de una sociedad”. De allí que no deba pensarse este término como un acuerdo entre personas. Oszlak distingue, luego, tres tipos de pactos: de dominación, funcional y distributivo.

“En el [pacto de dominación] la cuestión central consiste en definir, en cada momento, de qué modo (…) se asegurará un contexto que facilite la convivencia, regule el conflicto y, sobre todo, permita el mayor desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad. En el pacto funcional, lo que está en juego en cada coyuntura histórica es la cuestión del desarrollo de las fuerzas productivas, lo que implica definir (…) el esquema más adecuado de división social del trabajo y asignación de responsabilidades (…) en las actividades de producción y en la regulación de las relaciones socioeconómicas. Y el pacto distributivo reflejará cómo se han definido y resuelto las cuestiones relativas a la apropiación del excedente económico, en el reparto de costos y beneficios, y en la asignación y goce de derechos y obligaciones” (Oszlak, 2011:9)

En base a ello, Oszlak propone un modelo de análisis para investigar los roles del Estado. Para eso, determina una serie de dimensiones que se deberían observar al abordar el tema. Esos niveles —micro, meso y macro— tienen que ser retomados en trabajos empíricos que permitan caracterizarlos. De allí que también sugiera un programa de investigación futuro. La pregunta con la cual sintetiza sus intereses es: “¿Qué cambios debemos observar para afirmar que el rol del Estado se ha modificado?”. Y enumera una vasta gama de tópicos que van desde los “cambios producidos en las áreas de actuación o intervención de las instituciones” hasta “el grado de innovación en las tecnologías gerenciales, en la capacidad institucional del Estado y en su estilo de gestión”.

Oszlak, entonces, sugiere una “perspectiva más abarcadora”: no busca redefinir el rol del Estado sino modificar “los puntos de observación”. Para este autor, las dimensiones micro, meso y macro son diferentes momentos de una misma existencia del Estado.

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