Todos los textos VIENTO.DATA.SUR
Académico·divulgación·Para ingresantes

Parsons para ingresantes

Fecha
Mayo de 2012
3 min de lectura

La invención de “los clásicos” es una deuda que tenemos con Talcott Parsons. Al estudiar a Durkheim o Weber, asumimos las sistematizaciones que este autor pensó. ¿Qué motivos subyacían en la monumental empresa que propuso este norteamericano? El problema era que la sociología hasta entonces todavía no tenía un marco teórico unificado; y ese vacío representaba una inquietud para Parsons. Si nuestra disciplina pretendía jactarse de ser una verdadera ciencia, debía desarrollar un conjunto interrelacionado de categorías que habilitara la conformación de un macroprograma de investigación sobre la sociedad.

Esta inquietud era en verdad una urgencia en la década de 1940, momento en que la sociología sufría una suerte de guerra hobbesiana de todos contra todos. En ese contexto, corrientes como la hermenéutica, el positivismo y la teoría crítica rivalizaban encarnizadamente en los Estados Unidos. Aunque estas disputas no eran una novedad, Parsons sostenía que sin un orden epistemológico y teórico en la disciplina sería imposible volver inteligible esa entidad tan extraña y compleja que todavía llamamos “sociedad”. De allí su principal obsesión: una teoría general de la sociedad.

Para comprender las raíces de su proyecto, hay que recordar el problema de Thomas Hobbes. Este filósofo del siglo XVII —socializado en la Inglaterra de Enrique VIII, más específicamente en los conflictos entre el protestantismo y el catolicismo— partía de la convicción que todos los hombres eran libres e iguales por naturaleza. Dada una coyuntura de belicosidad entre religiones, en la cual las personas ejercían su libertad “incluso en el cuerpo de los demás”, su problema central radicaba en cómo alcanzar el anhelado orden social. Debido a ello, Hobbes dedujo la necesidad de un Leviatán.

Bajo esta luz, es lícito pensar a Parsons como el Leviatán de la Sociología. Su interrogante fundamental por el orden es, simultáneamente, una indagación sobre la acción, la cohesión, la anomia y, en definitiva, la integración. Esta fue la pulsión que lo llevó a sistematizar las teorías de aquellos “clásicos” en 1937 con la publicación de La estructura de la acción social. El corolario de esta articulación fue el planteamiento de la teoría voluntarista de la acción.

El argumento central de esta teoria dice que la sociedad es una totalidad de partes interrelacionadas. Para que su estudio empírico sea viable, Parsons propone una descomposición en elementos más simples, identificando a la acción social como la unidad fundamental del sistema. En este punto, siguiendo a Weber, se concibe a la acción como una relación social recíproca orientada por su sentido.

Analíticamente, toda acción se compone de dos dimensiones inseparables: una objetiva (la situación) y otra subjetiva (el actor). La dimensión objetiva abarca la correspondencia entre las condiciones materiales —aquello que está dado y resulta inmodificable— y los medios objetivos, es decir, los instrumentos que el actor utiliza para alcanzar sus fines. Si bien Parsons reconoce que el contexto es una condición necesaria y suficiente para que la acción sea posible, su interés es profundizar en el componente subjetivo. El individuo posee fines y motivos; valores, entendidos como imágenes del mundo o representaciones que guían sus preferencias; y, fundamentalmente, un repertorio de normas internalizadas que incluyen obligaciones, prohibiciones y tabúes. Las normas, emanadas de la pertenencia a los grupos, operan como reglas de acción cuya autoridad depende de la creencia compartida en una máxima. Cuando estas máximas se respetan y validan colectivamente, las acciones se ordenan, resolviendo así el problema de la integración.

De esta manera, Parsons logró demostrar que en el interior del objeto de estudio de Durkheim —la coacción de las normas— late el objeto de estudio de Weber —la acción subjetiva orientada por el sentido—. Ambas dimensiones se retroalimentan, consolidando finalmente el marco unificado que se convirtió en la tradición que hoy repetimos. Aunque nuevamente hayamos decidido matar al padre.

Compartilo
Link copiado